Wednesday, August 25, 2010

Cuevas de Bellamar: los maravillosos paisajes subterráneos de Cuba

Las Cavernas de Bellamar son atracciones turísticas de primera clase en la occidental provincia, a 100 kilómetros al este de La Habana. Ubicadas en la cúspide de un monte aproximadamente a unas diez millas de la parte vieja de la ciudad matancera, este prodigio subterráneo goza de fama en el mundo entero gracias a sus distintivas formaciones, fósiles oceánicos con una antigüedad de más de 25 millones de años, su flora endémica y sus apasionantes leyendas.


En este paraíso subterráneo, el turista podrá deleitarse con las gráciles estalactitas y estalagmitas, formaciones cristalinas de asombrosa transparencia y de un brillo poco vista en el ámbito espeleológico.


Esta gema del sistema espeleológico de la Isla, (distinguida como Monumento Nacional), fue descubierta por casualidad a comienzos de 1861, al sur de la rada matancera. Exhibe una red de unos 23 kilómetros de túneles con una extensión de más de 780 hectáreas.


De acuerdo con The Rotograph Co. , N.Y. City, edición de 1906: "Un esclavo perdió su picoleta al horadar la tierra tratando de remover una roca calcárea. A todas luces el esclavo, e igualmente el capataz, se imaginaron que el terreno se había tragado la herramienta porque el percance les provocó terror. El dueño del hato donde se ubicaba la cantera de estas rocas utilizadas en la fabricación de ladrillos, nombrado Don Manuel Santos Parga, pidió explicaciones y al transcurrir dos meses sin conseguir una respuesta satisfactoria se dirigió en persona al lugar de los percances".



Cuevas de Bellamar 008 by michellesiew


José V. Betancourt, quien narró los hechos en 1863, asegura: "Aconteció que como Don Manuel viese que el capataz no cumplimentaba sus órdenes ya pasados dos meses, un día se fue él en persona con los excavadores al lugar en que se había esfumado la barreta ordenando se laborase allí; y apenas al abrirse un espacio de aproximadamente tres cuartos de metro, emergió del hueco practicado una gran corriente de aire de repugnante olor, caldeado y como humoso; no amedrentó a Parga lo ocurrido, sino por el contrario, continuando la empresa pudo convencerse de que la falla era la entrada de una gruta y con valentía siguió ensanchando la abertura y luego organizó un descenso empleando para tal fin una escala que fue preciso expandir y al alcanzar lo que pareció el suelo se halló rodeado de la oscuridad. Mas como Don Manuel fuese gran conocedor en lo tocante a minas, no se atemorizó y se dispuso a registrar la caverna, imbuído por la esperanza de descubrir algo de valor: era el Gran Almirante vislumbrando el Nuevo Mundo...".


Se dice que, para evitar que se convirtiera en escondite de los mambises, la caverna, sin duda uno de los más espléndidos parajes subterráneos de Cuba, permaneció cerrada durante años, en tiempos de la Guerra de Independencia.


Algunos espeleólogos plantean que la cueva constituía parte de la bahía matancera, pero que a consecuencias de fenómenos tectónicos, esta área emergió, dando lugar a las terrazas marinas perceptibles en el territorio de la ciudad matancera y sus inmediaciones. Desde el momento de su descubrimiento prácticamente se convirtió en el más destacado centro turístico de Cuba.

En las cuevas de Bellamar destacan algunas áreas y salones. Sobresalen por su bello aspecto, La Capilla de los Doce Apóstoles, el Baño de la Americana, El Huerto de las Zanahorias, Doña Mamerta, el Lago de las Dalias, la Galería de los Dos Lagos, el pasadizo de Hatuey, el Salón de las Damas y el Manto de Colón, este último de 12 metros de altura. Es digno de mencionar, por otra parte, el Salón de las Esponjas, una galería ubicada a 25 metros por debajo del Salón Gótico (es decir, a la entrada de la caverna) y consiste en un recinto abovedado cuadrangular que mide unos 80 metros de largo por unos 25 metros de ancho. La cavidad se extiende hacia el este y el occidente llegando a una longitud que sobrepasa las seis millas, con varias galerías que corren en paralelo y a diferentes niveles.


Una cuidadosa custodia la ofrecen, además de otras organizaciones, la la Fundación la Naturaleza y el Hombre y la Sociedad Espeleológica de Cuba, que buscan disminuir a la mínima expresión los efectos ocasionados por el descenso de visitantes a la caverna, durante más de un siglo.

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